Felicidad es…

Hace algunos días en clase de francés, se nos pidió que hiciéramos una frase sobre la felicidad, basándonos en una metáfora. En plan: la felicidad es… sentarte a la sombra luego de caminar bajo el sol, felicidad es… una vela encendida en la oscuridad de la noche, y así.

De las muchas experiencias que he tenido con respecto a la felicidad, sólo una venía a mi mente. 

 – La felicidad es… cuando luego de un largo día, tomas una ducha y alguien te cepilla el cabello. (Un poco larga, lo se, pero igualmente válida).

Y es que incluso en éste momento, cuando pienso en lo que me hace feliz, muchos de mis instantes de felicidad se ven opacados por lo que les digo allá arriba: Alguien cepillandome el cabello.

Tal vez estoy siendo un poco malagradecida con todas las risas y fiestas con mis amigos, o cantar mi canción favorita a todo pulmón durante un trayecto en carro, o un plato gigantesco de comida luego de todo el día en clases, o que tu equipo favorito gane el partido, o un perrito que se acerca a saludarte en el parque, o coca cola gratis un día de playa, o bueno… pare uno de contar. Pero es que estoy segura que si no he escrito sobre estos momentos, algún día lo haré. Pero justo ahora, sólo quiero que alguien me cepille el cabello.

Cuando todos te dicen de la suerte que tienes por tener la vida que tienes – valga la redundancia – tu sólo atinas a asentir y regalarles una sonrisa. Porque es cierto, tienes la suerte más grande del mundo. Que al levantarte todos los días, por mucho que las cosas no siempre salgan bien, agradeces cada segundo que has vivido, y vives y tendrás la suerte de vivir. Pues coño, que tienes una vida asombrosa. Pero (siempre el pero) a veces quisieras ponerla en pausa por unos 15 minutos, volver a casa, darte una ducha, y sentarte de espaldas a tu mamá para que te cepille el cabello.
Y esto es algo que no todos entienden, que sólo quienes lo viven saben lo que significa. Tal vez para otros sea algo diferente, tal vez sea el olor específico de su cama, o como sólo ellos conocen el punto justo en la que la regadera calienta el agua perfectamente, o el desayuno de todos los días, o el rechinar de la puerta al llegar de fiesta. No importa. Es algo que quizá dabas por sentado, quizá no, pero hay días que en medio de toda esa felicidad, te detienes y dices: como me hace falta…
Si tú, que me lees, sientes o has sentido lo mismo, te digo; Gracias por entender.

Porque honestamente hay veces en las que te encantaría rodar los ojos y dar media vuelta (así como en las novelas) para dejar de hablar con todos aquellos que te dicen: “Pero mira, es que vas al cielo y vas llorando” 

Pues enterate que no, que no lloro nada. Que mi vida es DE PUTA MADRE, y si no lo has entendido pues fíjate en mi Instagram (que todos sabemos está hecho para embarrarle en la cara nuestra vida a los demás) pero daría lo que fuera – sin importar lo que sucede allá, sin importar que todo pueda desmoronarse en cualquier instante, sin importar que en tu batalla interna siempre termina ganando el quedarte – por que mi mamá me cepillara el cabello.

Y en este momento, sentada en una iglesia a 8000km de casa, esperando para un festival – que honestamente no termino de entender, pero vamos, experiencias nuevas todos los días – pienso en lo que es la felicidad y no sólo podría hacer una metáfora sino un ensayo completo. Porque la vivo diariamente, pero sin estos pequeños momentos de nostalgia, quizá no aprendería a disfrutarla verdaderamente.

Y a ti que viajas, que estás lejos de casa,  o que quizá como yo estás dividido entre dos hogares. Está bien querer que te cepillen el cabello de vez en cuando.

Gracias por leer mis arrebatos momentáneos.

Julia W.

Y sigues nadando

¿Alguna vez has estado en la parte profunda de la piscina con tus amigos? Cuando todos deciden jugar a aguantar el mayor tiempo posible sin salir a tomar aire.

Y mientras más bajas, la presión se hace mayor.

3 segundos. Ninguno se rinde, todos quieren ganar.

5 segundos. Los primeros comienzan a subir pero esperan atentos la llegada de los que faltan.

10 segundos. Escuchas los latidos de tu corazón como un gran tambor en tu cabeza. La presión en tus oídos se mezcla con el vacío de pecho pidiendo el aire que hace en falta.

Pero tu te mantienes firme, porque sabes que aún hay más para dar.

Y luego… luego te quedas sola. Ya todos están arriba esperando por ti. Sabes que si sigues tardando se van a aburrir y cambiarán de juego, así que decides subir.

La verdad es que tampoco soportas un segundo más. Tu vista comienza a nublarse y tu cuerpo se hace más pesado conforme pasan los segundos.

Más pesado. Más pesado. Más pesado.

No tiene sentido, mientras más cerca estás, él sólo continúa haciéndose más pesado.

Y la falta de aire te ahoga, te asfixia, te debilita. Te asusta. Tu ni siquiera querías jugar en primer lugar.

Tal vez no sea cierto y es sólo una ilusión de tu cuerpo; pero mientras más pataleas más lejana parece la superficie. 

Y puedes ver el brillo del sol justo sobre tu cabeza, y a tus amigos quienes quizá comenzaron a preocuparse, o quizá sólo están aburridos; porque al fin y al cabo no son ellos quienes se ahogan. “Nadie te obligó a jugar”. “Fue la decisión de todos”. Fue democracia.

Y unos cuantos te buscan desde la superficie, extienden sus manos para ayudarte a subir porque saben que tus fuerzas se agotan. Pero ninguno entra a buscarte, ninguno se hunde contigo. Nadie sabe lo que se siente ahogarse. O quizá si, y por eso quieren ayudarte – pero ojo – sin tomar riesgos.

La piscina se extiende, metros, kilómetros… hacia arriba o abajo, quien sabe. Y aunque ves la salida, aunque conoces la manera de llegar allí… no puedes.

¿Por qué no puedes? ¡Claro que puedes! Sólo debes seguir nadando. 

Pero… ¿Cómo nadar cuando ves como tu vida se escapa lentamente de ti? En pequeñas burbujas que se alejan, que huyen. Quizá lo mejor sea dejarse llevar,  parar de resistir. “Que pase lo que tenga que pasar”.

Al menos hiciste el esfuerzo ¿no?

No creo. Ese es el final que escogen los cobardes, los que no tienen nada por lo cual continuar, y yo no soy cobarde.

No somos cobardes. 

Sigues nadando, nadas, nadas y nadas. Todos te ven ahora, te apoyan y te esperan con los brazos abiertos. ¿Por qué carajo no entran a sacarte? Te preguntas, pero aceptas que ésta lucha es tuya, con su apoyo, pero tuya.

Así que sigues nadando, ignorando la presión en tu cabeza, los latidos que se apagan y el vacío que te invade…

Y logras salir. Esa primera bocanada de aire te sabe a gloria, y tomas una y dos y tres y cincuenta.

Pero luego… luego ves que no estabas en una piscina, sino en medio de un oleaje bravo e inquieto, que te hunde y sales y te hunde y sales y te hunde… Y sales. Continúas saliendo.

Siempre sales.

 Algunos te ayudan a nadar, pero la marea los obliga a separarse y continúas, sola. En tu lucha. En nuestra lucha.

Sigues nadando, porque no conoces otra forma diferente para mantenerte a flote. Y vas a llegar a tierra firme, pero ahora debes seguir nadando.

– Julia W.

CONTIGO 

Hace ya bastante tiempo que no escribo, las excusas que me repito diariamente no tienen sentido, ni antes, ni ahora, ni nunca. Pero probablemente mañana las diré nuevamente. O probablemente no.

¿Quién sabe? Yo no, por supuesto.

Lo que si tengo muy claro es que la idea de escribir sobre ti, sobre “nosotros”(porque aunque lo evitemos, ambos sabemos que existe un nosotros), no sale de mi cabeza. Porque de pronto te has convertido en esa sonrisa que se me escapa de repente a mitad del día, porqu sin darme cuenta has comenzado a ser la razón por la cual quiero que pasen más rápido los día, para verte de nuevo. Para estar contigo.

¿ Y qué es estar contigo?

Antes de ti no imaginaba que algún día sería capaz de sentir esa demencia repentina y hermosa que te da cuando sabes que estás con ESA persona. Y si, porqué no decirlo, ahora pienso que eres ESA persona, la que siempre deseas encontrar. 

Puede que tal vez mañana ESA persona sea alguien más, o puede que no. Puede que en un mes le dediqué algo similar a alguien diferente, o puede que no. Puede que pase el resto de mi vida contigo, o puede que no.

Pero volviendo al tema, trataré de explicar lo que es estar contigo.  Hace un tiempo leí esto en un blog que me encanta: 

Con él me atrevía a escalar sin arnés por la montaña más escarpada; a caminar por un cable sobre un precipicio sin agua al final de la caída; algo así como a volar.

Y como creo que eso de volar ya está un poco usado, voy a utilizar algo que nos pega mucho más a ti y a mí.

Contigo me siento como la versión original de mí misma.

Y saldrán muchos a decir que no es necesario tener a alguien para ser plenamente tú, y estoy de acuerdo con ellos. No te necesito para ser como se supone que debo ser, pero deseo que estés allí para darme el pequeño impulso que me hace falta.

Contigo me di cuenta de que realmente no me importan los tabooes sobre las demostraciones públicas de afecto. Contigo podría pasar toda la vida besándonos en el parque.

Contigo me da igual que el guardia de seguridad nos comience a gritar por bailar en medio del Museo.
 Contigo está bien que no entienda absolutamente nada de lo que hablan las personas a mi alrededor, porque tu estás allí para traducir.

Contigo no tendría problema en perderme todos los días en esta ciudad donde se hablan 3 idiomas diferentes, y ninguno es el mío.

Contigo está bien chorrearme la cara con chocolate, porque se que te hace reír, y honestamente me estoy haciendo adicta a tu sonrisa.

Contigo he comenzado a amar el acento de las personas del sur.

Contigo me he sentido parte de una película de amor, diciendo adiós en la estación mientras llegan nuestros trenes. 

Contigo no me ha importado el saber que esas películas siempre acaban mal, y las que no, es que no son reales.

Contigo he dejado de pensar en lo que somos, y he comenzado a preocuparme más por lo que sentimos.

Contigo no me importa que esto sea solo un año.

Contigo no me importa que quizá sea solo un sueño. 

– Julia W.

Unos que van, otros que vienen

Alguna vez escuché eso de que la vida es como la puerta giratoria de un hotel, y a lo largo de los años me he dado cuenta de que es bastante cierto. Hay personas que van en tu misma dirección y otras que inevitablemente van en la contraria.
Para aquellos que van en la misma, bienvenidos sean, a disfrutar del paisaje y de la compañía, a contar anécdotas compartidas y momentos únicos. Pero para aquellos que van en dirección contraria… La historia varía un poco

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No es sencillo darse cuenta de que aquellas personas con las cuales imaginaste estar por siempre, ya no están. Y cuando nos damos cuenta de eso, es aún más difícil el aceptarlo. Porque eso implicaría dejar de lado las historias, las risas, los llantos, las locuras, las noches en vela hablando estupideces o las tardes de domingo durmiendo juntos. Porque eso implicaría que todo aquello que nos unía, ahora se convertirá en recuerdo. Porque ya no existirán más charlas con una taza de chocolate o más noches de copas, porque desgraciadamente poco a poco cada quien se fue por su camino separado, en aquella puerta giratoria de hotel, esa puerta que es la vida.
Personalmente, yo, estoy harta de tantos porqués, solo quiero que todo vuelva a ser como antes, pero no es algo que se pueda cambiar así como así, son días, meses y años de pequeñas decisiones que nos van separando y separando. Dicen que en eso consiste crecer, y me gustaría que existiera alguna otra forma, pero estoy más que agradecida de haber crecido junto a ti, porque sabemos que ambos crecimos, tu y yo. Si, es cierto que te voy a echar de menos, eso no lo niego, pero así como llegaste a mi vida, sin avisar, así mismo llegará alguien más. No podrá borrarte de mi memoria, lo prometo, pero sí llenará el vacío que ambos nos dejamos.
Sin más que agregar mi querido amigo, quiero que sepas que así como hay algunos que se van, también hay otros que vienen.

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Julia W.

Al Comienzo

Yo soy aquella chica, la que tal vez no es siempre el centro de atención. Aquella que trata de ver las dos caras de la moneda, para dar un buen consejo. Aquella con mirada soñadora y los pies en la tierra pero la mente en las estrellas. Espero que te sientas identificado, aunque sea un poco. Creo que muchos sabemos como es ser esa persona.

Al comienzo escribía para liberar los millones de pensamientos que pasan por mi cabeza, para plasmar mi forma de ver el mundo, luego mi mejor amiga me comentó que debería mostrar lo que escribía y pensé que tal vez a alguien le podría gustar y, ¿quien sabe? tal vez se sentiría identificado. Leo gran cantidad de blogs y realmente creo que la mejor forma de llevar mis escritos a las personas es por este medio…

En fin, ¿sobre que escribo?, bueno todos hemos pasado por situaciones en las que nos hubiese gustado que alguien nos guiara y ayudara un poco, para que nos pusiera “por el buen camino”

Yo soy Julia W y esto es En el Camino.large